20.2.12

He visto cosas bellas y las cosas simples

Corría agitada, solo quería correr así que se había levantado a eso de las cinco de la mañana, se había puesto su buzo y salió distraídamente de su casa.
Corrió por el sendero de su casa hasta el parque, siguió su travesía por la ciudad hasta llegar a al lugar de retorno y regresando a su casa se sintió más aliviada, el peso del corazón había desaparecido.
Entro a su casa, y sonrió en pocos minutos más despertaría su hijo, adoraba verlo salir de la cama soñoliento mirando al cielo y diciendo “Ya salió el sol mamá?”, esos detalles eran los que le recordaban porque seguía para delante. Camino a su cuarto y cuando abrió la puerta lo vio bajar de la cama con los ojitos soñolientos y sonreírle, camino hasta él y lo abraso.
“YA salió el sol mamá?”
Si bebé ya salió el sol.
Vamos, vamos a desayunar -  le dijo, tironeándole el brazo.
El desayuno continuo tranquilo, sus pasos eran relativamente predecibles y aun así la hacían sonreír, luego partiría al colegio y ella se iría a trabajar, el día ya comenzaba a parece increíblemente lento, tenía la esperanza de que al volver a casa no se sintiera perdida en el tiempo otra vez.
Perdida en el tiempo…
Perdida…
En..
En el …
En el…
Tiempo…

Abrió los ojos, eran las cinco aun, no se había levantado a correr, le quedaba poco tiempo, así que se solo se vistió para correr, mientras se ponía las zapatillas y recordaba el extraño sueño, la invadió una pregunta, que pasaría ahora? Su sueño, iba y venia en la misma escena cotidiana, que era lo especial, porque lo soñaba… para que… antes de salir se pasó por la piza de su hijo, abrió la puerta y lo miro dormir, aun faltaba media hora para que se despertara… saldría a correr para sacarse ese peso del corazón… lo miro de nuevo, se acerco a la cama y lo abrazo, el pequeño parecía sumido en un sueño profundo… no, hoy no iría a correr, hoy descansaría junto a su bebe.
El ruido intenso la, aunque no distinguía de donde venía percibía algo de movimiento a su alrededor, de pronto la pared se desplomo, el polvo, y la confusión fueron tan grandes, que solo atino a tomar al pequeño con las mantas, salió corriendo entre los escombros, cubriendo su rostro aunque gritara del susto, las paredes iban y venían en su camino, tropezaba y aun así continuo corriendo hasta salir a la calle.
Si alguien nos hubiera visto desde el cielo, diría que parecíamos hormigas sin rumbo, gritaban, se movían, se quedaban quitas, se miraban y abrazaban, se soltaban y corrían, se hablaban desconsoladas, se estremecían de miedo.
Cuando todo el sismo concluyo, lo presidio un silencio, un extraño silencio como si el miedo se hubiera quedado callado, pero estuviera allí, a la vuelta de la esquina…
Mi hijo lloraba, sus ojitos apenas y se habían acostumbrado a la luz, lo tenía aun tapado con la manta y cuando le saque la manta para que me viera. Siguió llorando a gritos, el susto no se nos pasaría a ninguno de los dos en mucho tiempo, y habrían mañanas en las que el despertaría gritando y yo correría a decirle “Ya pasó, todo está bien… todo está bien…” de algún modo agradecí el sueño, si no hubiera dormido tan mal esa noche, y me hubiera ido a correr el terremoto me habría pillado casi en el punto de retorno a casa y eso era en tiempo unos diez minutos, mi hijo podía haber muerto por el derrumbe y no hubiera habido modo de saber si sobrevivió hasta varios días después.