Caminaba entre sus ideas y la frase que le había dicho, estaba aun metida, como era posible que entre medio de sus piernas se creara tanta expectación, no era acaso algo completamente natural... Porque le molestaba... La miles de razones para salir huyendo de mil propuestas ahorra se habían desvanecido, tenía la misma idea, quería ser alguien diferente, y creí que era un modo de llegar a serlo, no era el único echo de su vida que había cambiado, era mas tranquila, una persona de menos conflictos y mas razones... no sabía que hacer, y acudió a la única persona que le respondería sus problemas sin juzgar, entro hincándose como de costumbre frente al altar.
La palabras la confortaron y relajaron, si era obvio que tendría una respuesta mas valida que un simple sal corriendo, el amor filial era para ella algo sagrado, y quizás por eso el entregarle a un hombre le parecía algo intrínsicamente controversial, era hora de que cambiara, y disfrutara del amor de su esposo, como el de su amante, el que ahora era para bien o para mal el hombre que estaría unido en vida a ella.
La sonrisa en los labios y las velas sobre la mesa le daban en ambiente, la casita que además de ser acogedora tenia de todo lo necesario para hacerla romántica, sabía desde que lo conoció esa noche, que el no la dejaría ir, sabía que era tan importante como ella para el, y que de algún modo todo coincidía para hacerlos compatibles, incluso en el dolor.
El ruido de la camioneta y la puerta pocos segundos después, lo miro tímida. Se acerco y lo beso. En los ojos la chispa de fuego se encendía lentamente, esperaba una simple decisión, lo llevo lentamente por el pasillo a la pieza, se desvistieron lentamente, y se dejo seducir por sus manos frías, tibias y calientes... Las dudas, los reproches e incluso las discusiones absurdas se esfumaron, cediendo a la placentera armonía de las almas, se necesitaban, se acompañaban, se reían, se disfrutaban...
Corría el viento, colándosele por la falda, ella caminaba mirando el cemento gris quemado por el sol, daba los pasos con cuidado de no tropezar, en sus manos sujetaba el rosario y la mantilla negra de la misa. Frente a ella apareció la figura de una mujer de cincuenta y tantos, que se le acerco mirándola a los ojos. Siempre servicial le ofreció su brazo para ayudarla a subir por la calle, la anciana le obsequio una sonrisa agradecida. Estaba segura que la conocía de algún lugar, el pequeño mechón de su pelo se movía con el correr del viento recordándole a alguien a quien no veía desde niña, sus ojos se fijaron en las flores pequeñas del que parecía un vestido viejo color café, le era tan familiar.
Caminaron juntas en silencio, cuando llego a la escalera bajaron sin apuro, desde alli lelgaban directamente a la playa grande y mas alla la pequeña capilla de piedra, los peldaños rotos por el paso del tiempo la obligado a caminara adelante e ir volteando para que la menuda mujer no rodara escaleras a bajo. Cuando el brillos del mar reflejo en sus ojos el sol de la tarde, la mujer se detuvo en seco, aun faltaba para llegar a la playa, ella voltio para saber que pasaba. En sus ojos oscurecidos por la edad, se veía el reflejo del mar, la anciana le dijo “Ves, ya esta mejor, todavía falta... ya va a estar bien", luego cogiendole la mano la llevo hasta el.
Estaba confundida, lo contemplaba mientras se acercaba, sabía que era el, pensaba estaba en casa, esperadora para la vuelta de misa tomar la once. Que había pasado, porque se veía tan diferente, le inquieto profundamente que su postura diera la impresión de que esperaba a alguien, parado solo en medio de la playa, el hombre mirando el mar. Cuando lo vio de frente comprendió que el estaba realmente distinto, llevaba una pequeña barba, estaba vestido de negro entero y sus manos extremadamente blancas las llevaba en los bolsillos de la chaqueta, adlgo demaciado informal para el, ella estaba segura de que solo era porque tenía el frío.
Se acerco lentamente, con tanto desconcierto como amor, quería entender que era lo que ocurría, pero el no reacciono, no la miro y tampoco le hablo. Toco su brazo tratando de llamar su atención y el no se movió, ni su rostro ni dio señal de haberla visto, ni sus oídos de haberla escuchado, dijo suavemente su nombre una vez más, espero a ver si el reaccionaba, pero no ocurrió nada.
Con los ojos a punto de largarse a llorar, voltio a ver a la anciana, preguntándole en voz alta ¿que pasaba?, ¿Porque no le hablaba?. La mujer ya no estaba, recorrió la playa buscándola con la mirada incrédula, y la desesperación a flor de piel... en su corazón tubo la impresión de que era todo un sueño. El parado en la playa de arena blancas, parecía conciliar sus emociones a medida que el mar reventaba una y otra ola, en sus rostro la contrición de un dolor mas allá de lo físico lo hacia parecer mas bulnerable. Ella escucho sin escuchar, mientras intentaba saber porque el día se había hecho de noche tan pronto, las palabras susurradas al viento por el hombre a quien mas amaba, la desconcertaron con miedo “Espero que descanses en paz”.
A su alrededor una especie de silencio se apodero de todo, mezclado con el eco de la frase que la retrocedía a un instante de luz y luego a la playa, ahora completamente sola, totalmente oscura. En la arena podía ver como se fracturaba su corazon mientras el frio la invadia hasta tocar sus huesoz y hacerla estremeser.
Macarena G
Tenía que hablarle, tenía que salir de ese estrago sentimental que de algún modo estaba colapsando sus pensamientos, y contrario a todos los pronostico ella respondió el teléfono y hablo con el.
Se incorporo un poco agotada, eran las 12.30 de la noche, ella se había ido a dormir temprano, tenía mil cosas que hacer y un hombre al cual olvidar. En fin, el estaba llamándola, y era importante, lo tenía claro. Para empezar trato de sonta tranquilo, no lo consiguió mucho, luego intento hacer conversación haciendo preguntas directas y forzándolo todo, ella sabía que el no colgaría el teléfono hasta que hubiera averiguado lo que deseaba de ella...
En su cabeza solo recordaba que la ultima vez que estuvo junto a el, la mirada fría de sus ojos le dijo un adiós para no recordar, hubiera llorado si supiera porque, algo estaba roto entre ambos, la amistad que llevaban por más de un año había evolucionado a un complicidad tal que no eran necesarias muchas palabras e igual sabían que pensaban el uno y el otro... y algo sucedió alejándolos, algo que no se podía descifrar...
Las palabras flotaban el en aire como las de una novela a medio escribir, el con sus ojos cerrados y escuchaba el sonido de su voz raspado por el sueño, la anhelaba de algún modo, tan fuerte que creía que ella lo descifraría por el teléfono, sabía que era una mujer inteligente y lo que quería saber de ella no lo podía siquiera pronunciar en voz alta.
Los minutos corrían a su lado, ella veía como de a poco este ser humano volvía a ocupar su lugar, el que había dejado luego de esa conversación hacía cuatro mese, y la puerta de ellos meses pasados parecía ir cerrándose para que simplemente pasaran unos días entre esta y la ultima conversación, alguien debería ponerle un signo pare a todo esto, estaba empezando a creer que se reiniciarían las llamadas nocturnas indiscretas de antes, cuando el dijo que esta sería la ultima llamada en mucho tiempo, que esperaba que todo estuviera bien entre ambos... Nunca hubo un “nosotros”, el era ese ser humano amigo con quien sostenía esta amistad por teléfono, a la que siempre que le buscaba una explicación llegaba a la simple conclusión de que era el y solo por eso ellos podía charlar de tantas cosas sin tapujos, por tanto tiempo.
Pero que podía hacer, ella era de esas mujeres tan particulares que nunca se topaba mas de una vez en la vida de seres humanos simples y corrientes, que tener el solo privilegio de estar con ella implicaba un mar de cosas que jamás comprendería, involucrarse con ellas implicaba un pecado contra el destino, separarse generaba el dolor indescriptible, hicieras lo que hicieras, se pagaría caro. La amaba a su modo la amaba, solo que jamás podría llegar a decirlo en voz alta, era demasiado para el, era algo que ni siquiera podía repetirse en sus pensamiento...
Las 2.30, donde se fue la noche para variar me voy a levantar cansada pensaba ella... La hora iba avanzando estaba simplemente escuchándolo, mientras le contaba mil cosas que le habían pasado en este tiempo sin ella, se empezó a tranquiliza de verdad, ya no estaba la duda en la voz y se reía con soltura. Quería verla, si estuviera en la misma ciudad tal vez sería mas fácil, si pudiera atravesar este estado de añoranza junto a ella, quizá sabría como hacer que todo realmente excelente.
Egoísta, si así se volvía cuando de ella se trataba. Miro el cielo, el estaba en su cama recostado con una mano en la nuca y la otra en el celular, desnudo, tapado solo por el cubrecamas, la recordaba sonriéndole, durmiendo en el sofá del living, hablando sin preocuparse de el, mirándolo a los ojos... y de pronto sintió como el vació se llenaba con su respuesta, el tono cansado de su voz, le decía algo sobre una salida a bailar... pero el escuchaba potra cosa, escuchaba la inclemencia de su voz, las tranquilidad de sus palabras, la calma que la rodeaba... no tuvo valor para decirle nada mas, la escucho sin siquiera saber que hacer, ella estaba de vuelta y no lo estaba, algo había cambiado entre ambos...
Ella miro la hora en su celular, 3.30 el cansancio, las frases entrecortadas por el sueño, le pregunto porque la llamaba y respondió, como no sabía que decir, simplemente contesto la verdad, y luego le dijo adiós... el corazón le latía fuerte, las preguntas eran las de siempre ¿Por qué a mí?, trato de volver a dormir pero en su pecho se alojo la duda de siempre, esta sería otra broma del destino, es que el quería complicar su vida... no una tercera oportunidad no se la daba a nadie, el no sería la excepción...