27.6.07

Yo te pido

A través del cielo se veía un débil rallo de luz esa mañana, sus ojos pardos miraban el horizonte en busca de alguna cosa que le dijera si iba a hacerlo todo bien o no. Tenia miedo y se notaba en sus movimientos un poco bruscos o demasiado flojos. Para todo lo que la había hecho llegar asta este punto, solo una cosa la hacía dudar… y si el llegaba antes…
Las cosas se habían enfriado entre ellos hacía unos mese, sus manos ya no se reconocían, y aunque hubo un tiempo en el que el reconocía su respiración al despertar, ahora ni siquiera sabía quien era ella cuando habría los ojos. Para ambos era difícil admitir el paso destiempo, la falta de emociones y las ganas de amarse, así que ella había armado su maleta, dejado una nota en el refrigerador con las breves premisas que los unieron años atrás y había partido sin más remedio rumbo al mar.
En el agua se veía el reflejo de las nueves, y las ondas de lo que podría ser una ola pequeña, el viaje no era largo, había recorrido ese tramo sola y acompañada mil veces, lo conocía como el tramo de las ilusiones, porque la primera vez que lo recorrió llego a un país extraño, del que solo sabía historias de ilusiones y al que no comprendería nunca del todo. Así en el velero que el le había regalado hacía un año, con sus manos puestas en el timón y las lagrimas cayendo por sus mejillas, ordeno al capitán que se pusiera en marcha. No escucho los gritos desde el muelle, ni lo vio hacer señas un marinero le advirtió que había alguien reclamando antes de su partida y aunque no habían iniciado el viaje el puente entre la embarcación y el muelle ya estaba quitado. Se asomo a la baranda y lo vio allí en camisa de dormir.
“Que quieres aquí?”-grito ella
“Tu sonrisa”- respondió el-“Tu sonrisa...”
No supo que fue primero si bajar el puente o abrasarlo, lo que si supo fue que depuse de muchas noches de lágrimas por su desprecio, lo tenía para ella de verdad, y lo miro durante todo un segundo eterno, guardando su rostro. Camino hacia atrás y se decidió con la sonrisa que el quería ver.
“Hablaremos pronto”-le grito mientras el velero comenzaba a recorrer los primeros tramos del camino, y haciéndole señas con las manos se perdió en el horizonte. Para ella, ese gesto de cariño no se olvidaría, solo que no podía dejarlo volver a su vida, se habían equivocado en alguna parte del camino, ahora era tiempo para que arreglaran los errores y vieran que hacer con ellos. Por su parte miraba el mar con la tranquilidad de que volvería
… un día de estos, volveria…

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