Caminaba entre sus ideas y la frase que le había dicho, estaba aun metida, como era posible que entre medio de sus piernas se creara tanta expectación, no era acaso algo completamente natural... Porque le molestaba... La miles de razones para salir huyendo de mil propuestas ahorra se habían desvanecido, tenía la misma idea, quería ser alguien diferente, y creí que era un modo de llegar a serlo, no era el único echo de su vida que había cambiado, era mas tranquila, una persona de menos conflictos y mas razones... no sabía que hacer, y acudió a la única persona que le respondería sus problemas sin juzgar, entro hincándose como de costumbre frente al altar.La palabras la confortaron y relajaron, si era obvio que tendría una respuesta mas valida que un simple sal corriendo, el amor filial era para ella algo sagrado, y quizás por eso el entregarle a un hombre le parecía algo intrínsicamente controversial, era hora de que cambiara, y disfrutara del amor de su esposo, como el de su amante, el que ahora era para bien o para mal el hombre que estaría unido en vida a ella.
La sonrisa en los labios y las velas sobre la mesa le daban en ambiente, la casita que además de ser acogedora tenia de todo lo necesario para hacerla romántica, sabía desde que lo conoció esa noche, que el no la dejaría ir, sabía que era tan importante como ella para el, y que de algún modo todo coincidía para hacerlos compatibles, incluso en el dolor.
El ruido de la camioneta y la puerta pocos segundos después, lo miro tímida. Se acerco y lo beso. En los ojos la chispa de fuego se encendía lentamente, esperaba una simple decisión, lo llevo lentamente por el pasillo a la pieza, se desvistieron lentamente, y se dejo seducir por sus manos frías, tibias y calientes... Las dudas, los reproches e incluso las discusiones absurdas se esfumaron, cediendo a la placentera armonía de las almas, se necesitaban, se acompañaban, se reían, se disfrutaban...
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