Corría el viento, colándosele por la falda, ella caminaba mirando el cemento gris quemado por el sol, daba los pasos con cuidado de no tropezar, en sus manos sujetaba el rosario y la mantilla negra de la misa. Frente a ella apareció la figura de una mujer de cincuenta y tantos, que se le acerco mirándola a los ojos. Siempre servicial le ofreció su brazo para ayudarla a subir por la calle, la anciana le obsequio una sonrisa agradecida. Estaba segura que la conocía de algún lugar, el pequeño mechón de su pelo se movía con el correr del viento recordándole a alguien a quien no veía desde niña, sus ojos se fijaron en las flores pequeñas del que parecía un vestido viejo color café, le era tan familiar.Caminaron juntas en silencio, cuando llego a la escalera bajaron sin apuro, desde alli lelgaban directamente a la playa grande y mas alla la pequeña capilla de piedra, los peldaños rotos por el paso del tiempo la obligado a caminara adelante e ir volteando para que la menuda mujer no rodara escaleras a bajo. Cuando el brillos del mar reflejo en sus ojos el sol de la tarde, la mujer se detuvo en seco, aun faltaba para llegar a la playa, ella voltio para saber que pasaba. En sus ojos oscurecidos por la edad, se veía el reflejo del mar, la anciana le dijo “Ves, ya esta mejor, todavía falta... ya va a estar bien", luego cogiendole la mano la llevo hasta el.
Estaba confundida, lo contemplaba mientras se acercaba, sabía que era el, pensaba estaba en casa, esperadora para la vuelta de misa tomar la once. Que había pasado, porque se veía tan diferente, le inquieto profundamente que su postura diera la impresión de que esperaba a alguien, parado solo en medio de la playa, el hombre mirando el mar. Cuando lo vio de frente comprendió que el estaba realmente distinto, llevaba una pequeña barba, estaba vestido de negro entero y sus manos extremadamente blancas las llevaba en los bolsillos de la chaqueta, adlgo demaciado informal para el, ella estaba segura de que solo era porque tenía el frío.
Se acerco lentamente, con tanto desconcierto como amor, quería entender que era lo que ocurría, pero el no reacciono, no la miro y tampoco le hablo. Toco su brazo tratando de llamar su atención y el no se movió, ni su rostro ni dio señal de haberla visto, ni sus oídos de haberla escuchado, dijo suavemente su nombre una vez más, espero a ver si el reaccionaba, pero no ocurrió nada.
Con los ojos a punto de largarse a llorar, voltio a ver a la anciana, preguntándole en voz alta ¿que pasaba?, ¿Porque no le hablaba?. La mujer ya no estaba, recorrió la playa buscándola con la mirada incrédula, y la desesperación a flor de piel... en su corazón tubo la impresión de que era todo un sueño. El parado en la playa de arena blancas, parecía conciliar sus emociones a medida que el mar reventaba una y otra ola, en sus rostro la contrición de un dolor mas allá de lo físico lo hacia parecer mas bulnerable. Ella escucho sin escuchar, mientras intentaba saber porque el día se había hecho de noche tan pronto, las palabras susurradas al viento por el hombre a quien mas amaba, la desconcertaron con miedo “Espero que descanses en paz”.
A su alrededor una especie de silencio se apodero de todo, mezclado con el eco de la frase que la retrocedía a un instante de luz y luego a la playa, ahora completamente sola, totalmente oscura. En la arena podía ver como se fracturaba su corazon mientras el frio la invadia hasta tocar sus huesoz y hacerla estremeser.
Macarena G
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